¿Somos lo que comemos? Si así fuera, seríamos aditivos y fertilizantes andantes, seres transgénicos en general. Para escapar de este tópico hay una alternativa, la agricultura ecológica.
Si vamos a la compra y lo hacemos con tiempo, mirando la composición de los alimentos, comprobaremos que la mayoría contiene gran cantidad de conservantes, colorantes, emulsionantes, etc., que se apellidan “autorizados”, y no dudo que así sea, pero seguro que ninguno de ellos es beneficioso para nuestra salud. Cuando se trata de cultivos son igual de nocivos para la tierra. ¿Tenemos alternativa? La única es la agricultura ecológica, ya que todos los productos derivados de ella son respetuosos con el medio ambiente, y generosos con nuestro organismo.

En Zaragoza sólo hay 11 tiendas que se dedican exclusivamente a la agricultura ecológica
Hasta hace ocho o diez años encontrar alimentos ecológicos era en España, y más aún en Zaragoza, casi imposible. Los producíamos pero, como era más rentable, se exportaban a países como Austria, Bélgica, Alemania, etc. Mientras estos rechazaban ayudas para cultivos transgénicos, nosotros concedimos grandes extensiones a este tipo de cultivos.
Pero antes de nada, pongámonos en antecedentes: El reconocimiento de la agricultura ecológica a nivel europeo llegó en 1991, cuando la Comunidad Económica Europea la reconoció como un método de producción alternativo a la agricultura convencional.
Un Reglamento de ese mismo año armonizaba las normas de producción, elaboración, etiquetado y control. Hasta entonces estos productos no contaban con medidas o ayudas que facilitaran el desarrollo en España.
En 1995 se transfirieron las competencias sobre esta materia a las Comunidades Autónomas, y es exactamente en este punto donde debemos situar el nacimiento del Comité Aragonés de Agricultura Ecológica.
Muchos agricultores aragoneses comenzaron a incluir en sus campos un espacio destinado a esos cultivos, algunos le vieron tanta salida a esto de la agricultura ecológica, que incluso fundaron una sociedad. Es el caso de Ecolécera S.L., una empresa zaragozana situada en la Comarca Campo de Belchite, que desde 1996 desarrolla esta actividad. Su sello de garantía es un aval de confianza. Sus productos pasan por exhaustivos procesos de control libres de productos químicos de síntesis.
Con paciencia y con esmero se van incorporando en los supermercados aragoneses productos procedentes de la agricultura ecológica: huevos de gallinas criadas en libertad, carne de vacuno alimentado de pasto, y no de piensos manipulados, verduras del tiempo sazonadas con algún “caracolillo”, que también ha optado por la calidad, con la ventaja de que lo come sin pagar, etc.
“Eco-negocios” en Zaragoza
En Zaragoza, ningún establecimiento optó, desde sus inicios, por este tipo de productos, haciendo de la agricultura ecológica su razón de ser. Nicolás Lázaro es pionero en Aragón en la apuesta por estos alimentos. Su tienda, situada en la calle Escosura de la capital aragonesa, se dedica íntegramente a la venta de bio-alimentos. Nicolás lleva 20 años dedicándose a este negocio junto a su esposa, “Goya”, aunque reconoce que los inicios fueron duros: “En un principio esta era una tienda convencional, pero como siempre he sido muy naturista, me picó el gusanillo de los alimentos ecológicos”, reconoce Nicolás, esbozando una sonrisa pícara.

Los alimentos ecológicos tienen que llevar este sello de calidad
Comenzó introduciendo pan ecológico, que él mismo elaboraba siguiendo una receta que aparecía en una revista naturista, de las que se declara fiel seguidor, y, poco a poco fue encargando alimentos ecológicos.
Como hace 20 años no había distribuidores en este sector, se unió con dos tiendas de merca-Zaragoza para traer un par de pedidos de cítricos ecológicos, pero este primer encargo fue el último que hizo acompañado. Decidido a hacer triunfar su idea, cogió un listín de agricultores ecológicos, un teléfono, y hasta hoy. Cada lunes Nicolás viaja hasta Navarra para conseguir productos frescos, que asegura son los más difíciles, para poder ofrecer a sus clientes calidad, y variedad.
A su tienda acuden cientos de personas, pero asegura que la mayoría son universitarios, “gente preparada y concienciada que sabe lo que se mete a la boca”, y personas con algún tipo de problema de salud, que acuden a la agricultura ecológica como si de un medicamento se tratase.
Consumir alimentos ecológicos depende de las preferencias que se le otorgan a la vida y, también, de poder permitírselo o no, según cuenta Nicolás. Porque este es el único problema que conlleva cultivar y comer sano, el precio, y sólo nombraré un par de cosas: media docena de huevos de gallinas alimentadas con grano biológico cuestan tres euros, contra los 90 céntimos que aproximadamente nos cobran de la misma cantidad del producto estándar. Por un kilo de patatas libres de pesticidas etc. pagamos 3,50 euros, y por las normales con ese dinero nos ofrecen cuatro kilos.
Pero Nicolás afirma que no ha notado los efectos negativos de la famosa crisis financiera, que lleva a la gente a apretarse los bolsillos. “En materia de salud y alimentación la gente no se anda con rodeos”, asegura.
El caso de Soledad Gascón es más común entre los establecimientos zaragozanos. Ella lleva trabajando en la tienda “Frutas Torcal” desde hace 25 años. Sin ser la propietaria, comenzó a darse cuenta de que, poco a poco, cada vez más clientes demandaban alimentos ecológicos, de modo que le comentó a su jefe la posibilidad de encargarlos, y éste terminó por acceder. Al ser un comercio pequeño, situado en una zona residencial, con una clientela fija, no se arriesgaron a traer demasiados eco-alimentos, pero asegura que lo poco que encargan lo venden sin demasiados problemas. “El aceite y los tomates ecológicos ya han pasado a ser fijos en nuestros pedidos”, asegura Luis Torcal, dueño del comercio.
Pocas son las tiendas de alimentación que se arriesgan con este tipo de alimentos, su coste es más elevado, y su aspecto externo tarda menos en deteriorar, por lo que la venta es más urgente, y se convierte casi en una necesidad “deshacerse” de ellos antes de que los consumidores los rechacen por su “físico”. Por este motivo, encargar bio-alimentos puede ser una apuesta arriesgada si no tienes asegurada su demanda.
Consumir alimentos ecológicos parece relacionarse con la buena salud, de ahí que cada vez más grandes marcas comerciales lancen al mercado gamas “bio” de sus mejores productos. Pero no se dejen confundir. No por que en el envase aparezca “bio” se trata de un producto ecológico. Lo realmente significativo es el sello homologado que certifica ha pasado por todos los controles necesarios. A cada comunidad se le ha otorgado un sello específico, y lo mismo ocurre a nivel internacional, Alemania, Holanda, Francia, Gran Bretaña, Canadá… Y como ellos, numerosos países que han decidido contribuir con la causa, colaborando con el medio ambiente, y produciendo alimentos saludables ricos en nutrientes naturales.
Por lo visto, comer sano requiere tiempo, ya que no en todos los supermercados podemos adquirir estos saludables alimentos, y dinero, pero, como siempre se ha dicho “lo buenos se paga”.
En fin, si hemos decidido poner parches al desastre ecológico que hemos conseguido hacer con nuestro planeta, este sistema de cultivos es uno de ellos, pero, lamentablemente, no vamos a poder contribuir masivamente, sólo porque la mayoría de las personas aunque lo deseen, no se lo pueden permitir.
¿Somos lo que comemos? Ojalá no sea así.